Chocolate. El alimento de los dioses

Como ya sabéis los que seguís nuestra página, hace unos meses alegramos nuestro catálogo con la inclusión de este delicioso manjar entre nuestros productos. Concretamente, añadimos tesoros imprescindibles como las Almendras con chocolate con leche y regaliz ecológicas o el Bombón de higos ecológicos. Por eso queremos hacerle un merecido homenaje contando una pequeña parte de su extensa historia e influencia en el mundo.

 

Se sabe que la civilización Olmeca, que pobló la actual zona de México (1.500 aC) empezó a consumir cacao. Se han descubierto semillas de este producto en sus tumbas y parece ser que eran colocadas junto al cadáver para ofrecérselas a los dioses en la otra vida.

En la actualidad, entre cuarenta y cincuenta millones de personas en el mundo viven del chocolate, lo cual nos da una idea de la magnitud de esta industria.

Desde mediados del siglo XX, el cacao ha sido asociado al rejuvenecimiento o se le ha asignado un papel crucial en todo lo referente a la erótica. Poco después se convirtió en un reclamo de marketing que hoy en día sigue más vivo que nunca. Asociado al amor y el sexo (buscad cualquier anuncio de San Valentín), se dice popularmente que produce el mismo placer.

 

 

Imagen: Templos en Palenque. México.

 

A lo largo de la historia, millones de personas han buscado en el chocolate un fin ritual, medicinal, amoroso o tan sólo el placer por el placer. Su trayectoria como alimento está compuesta de largos viajes, placeres exóticos y un árbol tropical: el Theobroma cacao, nombre científico del árbol del cacao o el cacaotero.

Su origen se encuentra en Mesoamérica (actual sur de México y América central) Los pueblos que habitaban los bosques descubrieron el árbol del cacao, cuyo nombre científico significa alimento de los dioses. Es un árbol de sotobosque, sus hojas nuevas son rojizas, con lo que podrían ser objeto de depredadores pero su color les hace creer que es una hoja muerta. Es como un mecanismo de camuflaje.

Se sabe que la civilización Olmeca, que pobló la actual zona de México (1.500 aC) fue el primer grupo de población que empezó a consumir cacao regularmente. Se han descubierto semillas de este producto en sus tumbas, y parece ser que eran colocadas junto al cadáver para ofrecérselas a los dioses en la otra vida como regalo y asegurarse, así, una “vida feliz” o simplemente para soportar con alimento el largo viaje al más allá.

Posteriormente (1000 aC – 600 dC) los mayas siguieron consumiéndolo y usándolo en ritos religiosos, lo cual sabemos gracias a los símbolos descubiertos por la arqueología en sus tumbas.

Ya en el 900 dC, los Toltecas creían que “un dios representado por una serpiente alada descendió de los cielos sobre el haz de luz de la estrella del alba”, llevando consigo la semilla del cacao, que le fue entregada al pueblo para su prosperidad.

En la época de los aztecas se comenzó a utilizar como moneda de cambio la cual, por cierto, era de gran valor. Tanto que incluso proliferaban falsificaciones. Con seis  vainas de cacao podías comprar un conejo y con diez conseguías un esclavo. También se aplicaba cacao en la cura de enfermedades, para aplacar a los dioses o para demostrar amor.

 

La nobleza azteca consumía un chocolate muy distinto al de hoy en día, dado que era un brebaje pastoso, amargo y picante. En 1519, cuando los conquistadores españoles llegaron a América, el emperador Moctezuma ofreció un cuenco de esta bebida a Hernán Cortes. Tres años después el conquistador español, junto a sus hombres, llevó el cacao a España y lo presentaron al rey y a la corte española. Como el viaje desde México era tan largo se convirtió en un producto de lujo, reservado a las clases altas. Su sabor no gustó mucho pero como creían que el cacao tenía propiedades medicinales, lo consumían de igual manera.

 

Imagen: Busto de Hernán Cortés.

 

Por otro lado, muchas órdenes religiosas españolas partieron para convertir al cristianismo a aquellos “infieles aztecas”. Hablamos de la gran época de esplendor de la santa doctrina, que recorrió toda América del Sur y cuyos resultados son la materialización de un fervor religioso que practica la gran mayoría de la población latinoamericana, aún hoy. Los responsables de aquellas instituciones religiosas se trasladaron a aquellas tierras para convivir con el pueblo azteca varios años. De ese modo conocieron la costumbre de beber cacao y como consecuencia, lo trajeron en esa forma a Europa.

El primer cargamento oficial de vainas de cacao llegado a Europa data de 1585. Desde principios del siglo XVII, ya causaba sensación en palacios, monasterios y mansiones de todo el continente. La bebida fue refinándose poco a poco y se tomaba caliente, endulzada y mezclada con canela.

 

La revolución industrial en el Siglo XIX

Muchos años después el chocolate invadió literalmente EEUU y Europa. El referente más significativo en el norte del continente americano fue Milton Hershey, cuya producción masiva en Pensilvania lo catapultó al éxito casi inmediato, transformando un manjar destinado a las clases altas en un producto asequible a cualquiera. Su versión más popular fue el beso de Hershey. Un pequeño dulce compuesto de una lágrima de chocolate que se podía comer en un solo bocado.

 


 

Su fábrica tenía unas proporciones descomunales. Tanto que llegó a contar dentro de sus instalaciones con una granja destinada a la ganadería de vacuno.

Gracias a su fortuna construyó parques temáticos, escuelas, zoos y zonas de esparcimiento por todo el país. También traspasó fronteras, ya que recibía vainas de cacao de África y los trópicos e invirtió en Cuba con la adquisición de un molino de azúcar (el molino Hershey) y la construcción de una línea de ferrocarril, que sobrevive en la actualidad.

Hoy en día, entre cuarenta y cincuenta millones de personas en el mundo viven de este producto, lo cual nos da una idea de la magnitud de esta industria. Hagamos un breve viaje visitando dos ejemplos paradigmáticos.

 

 

Oaxaca, México.

Empezamos aquí, como no podía ser de otra manera. Esta ciudad es famosa mundialmente por su consumo y producción de chocolate (2 kilos y medio por habitante y año). En su producción intervienen varios procesos: secan, tuestan y muelen las habas contenidas en las vainas de cacao; mezclan los granos de cacao con canela y almendras y lo remueven hasta conformar una pasta. Cuando tiene consistencia se le añade azúcar.

En las muchas tiendas especializadas que recorren este lugar, las y los visitantes pueden personalizar su chocolate eligiendo la proporción de cada ingrediente.

Se dice que el suyo es el mejor chocolate del mundo. Menos dulce que el europeo pero de mucha mayor calidad.

 

 

 

Londres, Inglaterra.

La multinacional Mast Brothers tiene su origen en Brooklyn, Nueva York. Fue creada por dos hermanos especialistas en la producción de chocolate, la cual comenzaron en su propio apartamento. Desde ahí lo distribuyeron a pequeña escala. Fueron de los primeros en fabricar chocolate en EEUU desde la semilla hasta el resultado final: la tableta.

Hoy en día, cualquiera que visite su sucursal en Londres o su web oficial, comprobará la cuidada preparación de sus pedidos, atendiendo al máximo cada detalle. Son una institución dentro del gremio de maestros chocolateros y sus productos están en tiendas especializadas y menús de reputados chefs de todo el mundo.

Actualmente respetan el proceso artesanal de sus inicios y han descubierto, entre otras cosas, que envejecer el chocolate acaba por mejorarlo, potenciando su sabor y creando nuevas texturas.

 

Un dato curioso, para terminar.

En esta capital europea, la primera chocolatería que abrió sus puertas fue El árbol del cacao, alrededor del siglo XVII, la cual adquirió fama mundial. Situada en la parte sur de la Plaza St James, a ella acudían nobles de toda la ciudad a jugar partidas de cartas de altísimo nivel, exclusivas para “valientes” y con un marcado carácter temerario, pues se jugaban sus fortunas para demostrar su valía y presumir de su estatus.

 

Por eso se asociaba el chocolate a cierta decadencia ya que, además del juego, este local estaba destinado también a reuniones entre poderosos conspiradores que mientras sorbían chocolate, urdían oscuras tramas contra la corona o el gobierno. El local contaba incluso con una extensa galería de túneles secretos subterráneos que conectaban el local con otras zonas de la ciudad. De esta forma podrían escapar en caso de ser descubiertos en sus tramas.

Esta chocolatería, imbuida en un ambiente decadente de ricos superfluos y corruptos, no existe actualmente. En su lugar hay un edificio de estilo victoriano tardío.

Como podéis comprobar, la historia de este tesoro culinario es apasionante y en este artículo sólo hemos mostrado una pequeña parte de la inmensidad de su influencia. Un producto eterno, delicioso y esencial para la gran mayoría del mundo.

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